el barco se hundió

mi primer mundial fue italia 90. no recuerdo nada del torneo, pero sí recuerdo a mi hermano llorando porque argentina perdió la final. ese es mi recuerdo más viejo del futbol: mi hermano de ocho años llorando por un partido, y yo sin entender por qué.

lo que sí recuerdo es dónde estaba. en la sala de la casa de mis papás, con mi hermano y mi papá. el mismo sillón, la misma tele, el mismo ritual que repetiríamos por los siguientes treinta y seis años.

estados unidos '94

estadio del mundial usa 94

cuatro años después tenía seis. ya entendía un poco más. méxico jugó contra bulgaria en octavos. penales. perdimos. y lloré. no porque entendiera lo que significaba perder un mundial, sino porque toda mi familia estaba triste, y cuando toda tu familia está triste a los seis años, tú también lo estás.

esa noche cenamos en silencio. mi mamá, que siempre ha sido tan futbolera como mi papá, no dijo nada. mis hermanos tampoco. fue la primera vez que el futbol me hizo sentir algo así. o más bien, fue la primera vez que compartir algo con mi familia me hizo sentir algo así.

francia '98

el mundial que recuerdo con más cariño. no por el futbol, sino por todo lo demás. tuve estampas, muñequitos, peluches, playeras. mi mamá, que gritaba los goles igual que nosotros, me compraba los álbumes del panini aunque sabía que nunca los iba a completar. mis primos venían a la casa a intercambiar estampas repetidas. el mundial era la excusa para juntarnos.

cuauhtémoc blanco haciendo la cuauhtemiña. jorge campos con sus uniformes de colores. el matador hernández fallando solo frente al portero contra alemania. todo eso lo recuerdo. pero lo que más recuerdo es estar en la sala con mi hermano y mi papá, los tres con la misma playera verde, gritando cada jugada como si nuestros gritos pudieran cambiar algo.

el matador luis hernández celebrando

corea/japón 2002

los partidos eran de madrugada. mis papás me dejaron quedarme despierto por primera vez en mi vida. me sentía grande. me sentía parte de algo.

méxico terminó primero del grupo, por encima de italia. parecía que todo era posible. y luego estados unidos nos eliminó 2-0. rafa márquez expulsado. el dolor fue tan grande que mi cerebro bloqueó algunas cosas. me gustaría que eso fuera verdad. lo tengo tan presente que todavía duele.

pero lo que más recuerdo de ese mundial no es el marcador. es estar sentado en el piso de la sala a las tres de la mañana, con mi papá en el sillón detrás de mí, en silencio porque el resto de la casa dormía. compartiendo algo que nadie más en la familia entendía.

rafa márquez expulsado contra estados unidos 2002

alemania 2006

tenía catorce años. ya era adolescente, ya me sentía diferente, ya empezaba a entender que el mundo era más grande de lo que pensaba. pero cada cuatro años volvía al mismo lugar: el sillón de la sala, mi papá a un lado, viendo a méxico perder.

argentina nos eliminó con un golazo de maxi rodríguez. de esos goles donde lo único que te queda, además de llorar, es ponerte de pie y aplaudir. ese día mi papá me dijo algo que nunca olvidé: "no importa, ya vendrá la próxima". como si el ciclo fuera parte del plan.

golazo de maxi rodríguez contra méxico 2006

sudáfrica 2010

ya estaba en la universidad. seguía viviendo con mis papás, pero ya era diferente. ya no era el niño que lloraba porque su papá estaba triste. ahora entendía por qué dolía.

perdimos contra argentina. de nuevo. veinte años desde aquel primer mundial y las cosas no cambiaban. pero algo sí había cambiado: ahora apreciaba más esos momentos. ya no daba por sentado que mi papá iba a estar siempre ahí. cada mundial se sentía como un regalo.

brasil 2014

el famoso no era penal. ya saben la historia. pero lo que importa es esto: para entonces ya estaba con mi novia, la que después sería mi esposa. ella se sentó a ver el partido conmigo. no entendía nada de futbol, pero entendía que esto era importante para mí.

mi papá estaba ahí, como siempre. el mismo sillón, la misma tele. después del partido no dijimos mucho. no hacía falta.

no era penal

rusia 2018

tres años de casado. mi esposa ya sabía que durante el mundial yo desaparecía frente a la tele. pero este mundial fue diferente por otra razón: fue el último que vi con mi abuela.

si hubiera sabido que era su último mundial, la hubiera abrazado más cuando chicharito, su jugador favorito, anotó contra corea. si hubiera sabido, me hubiera quedado más tiempo en su casa después del partido. pero uno nunca sabe.

mi papá estaba ahí, como siempre. mi esposa también. la familia crecía, pero el ritual seguía igual.

aficionados mexicanos tristes en rusia 2018

qatar 2022

un mundial que preferí olvidar. méxico no jugó a nada. pero lo vi igual. con mi papá, con mi esposa, con mi familia.

lo que más recuerdo de ese mundial es lo que faltaba. mi abuela ya no estaba ahí para gritar los goles con nosotros. su silla vacía. el silencio donde antes había celebración. desde entonces, cada mundial la recordamos. cada gol que gritamos tiene un eco de ella.

méxico 2026

este mundial fue diferente desde el inicio. era en méxico. pero eso no era lo importante.

lo importante era que ahora no solo estaba con mi papá. ahora mi hijo estaba conmigo.

lo cargué en brazos cuando méxico ganó su primer partido. le puse una playera verde que le quedaba enorme. él no entendía nada, pero sonreía porque yo sonreía. igual que yo a los seis años, llorando porque mi papá estaba triste.

mi papá en el sillón. yo a su lado. mi hijo en mis piernas. tres generaciones viendo el mismo partido, en la misma sala, con la misma ilusión.

la selección jugó mejor que nunca. ganamos los tres partidos de fase de grupos por primera vez en la historia. ganamos en octavos, algo que nunca había visto. por primera vez pensé genuinamente que se podía llegar lejos. todo el país estaba con la selección. personas que nunca veían futbol se subieron al barco. todos arriba.

selección mexicana celebrando en el mundial 2026

y luego vino inglaterra. perdimos. pero por primera vez desde 1994, pude sentir que no nos ganaron. perdimos bien. con la cabeza en alto. con jugadores que me hacen pensar: ¿qué va a pasar en 2030?

mi hijo va a tener seis años en 2030. la misma edad que yo tenía en usa 94. y vamos a estar sentados en el mismo sillón, viendo el mismo partido, sintiendo las mismas cosas.

el barco

me duele. siento mucho dolor. no como en 2022 que ya estaba acostumbrado, o como 2018 que ya lo esperaba. esta vez lo sentí como 1994. como la primera vez que me ilusioné.

todo esto lo viví con mi papá a un lado. desde 1994, cada vez que lloré por un partido, él estaba ahí. y anoche no fue distinto. mientras veía cómo todo se desmoronaba, ahí estábamos los dos. sentados en el sillón frente a la tele, viendo juntos cómo se hundía nuestro barco. ese barco que es de todos, pero que a la vez es tan nuestro.

hoy salgo a la calle y la gente no habla de esto. antier todos platicábamos de futbol. hoy nadie quiere tocar el tema.

tal vez los que se acababan de subir al barco alcanzaron a bajarse antes de que se hundiera. estaban más cerca de la entrada. pero nosotros, los que llevamos tiempo arriba, no alcanzamos a salir. ya estábamos muy adentro.

el barco se hundió.

barco hundiéndose

pero no sé. tal vez somos nosotros los que no nos queríamos bajar. después de todo, ¿qué más da? un mundial más, soñando igual que en 1994.

y es que nunca se ha tratado solo del futbol. nunca. se trata de al lado de quién estás mientras gritas esos goles y lloras esas derrotas. se trata de mi papá en el sillón, de mi mamá gritando igual que nosotros, de mi hermano con la playera verde, de mi abuela que ya no está, de mi esposa que aprendió a entender por qué esto importa, de mi hijo que todavía no sabe lo que viene.

el barco se hundió. pero mientras siga habiendo alguien a mi lado para verlo hundirse, voy a seguir subiéndome.

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