domingos de underdog
los domingos que puedo, pongo una película vieja. no cualquiera. tiene que ser de los noventa, tiene que ser de deportes, y tiene que tener un equipo de niños que nadie cree que va a ganar.
llevo meses haciendo esto. mighty ducks, rookie of the year, little giants, angels in the outfield. las he visto todas. algunas más de una vez. y cada vez que termino me pregunto por qué siguen funcionando. por qué a mis treinta y tantos me sigo quedando hasta el final, sabiendo perfectamente cómo va a acabar.

la fórmula es siempre la misma. un grupo de perdedores. un coach que no quería estar ahí. un training montage con música ochentera. y al final, el partido imposible donde todo se alinea y ganan por un punto, un gol, un strike, lo que sea. no hay sorpresas. el arco es predecible desde el minuto cinco.
pero ahí sigo. viendo cómo charlie conway anota el penal decisivo. viendo cómo henry rowengartner poncha al último bateador. sintiendo algo que se parece mucho a la emoción, aunque ya sepa exactamente qué va a pasar.
creo que lo que me enganchaba de niño era la fantasía de que cualquiera puede ganar si se esfuerza lo suficiente. el mensaje simple: eres el underdog, el mundo está en tu contra, pero si entrenas y crees en ti mismo, al final vas a lograrlo. eso era todo lo que necesitaba escuchar a los diez años.
lo que me engancha ahora es diferente. es el coach.

gordon bombay en mighty ducks empieza como un abogado corporativo cínico que solo le importa ganar. lo mandan a entrenar a unos niños como castigo y al principio los trata como basura. es arrogante, desconectado, resentido. pero algo pasa en el camino. empieza a ver a los niños no como un obstáculo sino como personas. empieza a preocuparse. empieza a enseñarles cosas que nadie le enseñó a él cuando tenía su edad.
y al final no es la copa lo que importa. es que él cambió. los niños cambiaron. todos crecieron. el trofeo es solo la excusa para que pasara todo lo demás.
eso es lo que no podía ver a los diez años. que la película nunca fue sobre hockey. fue sobre alguien que encuentra propósito en ayudar a otros a descubrir lo que pueden hacer.
no sé cuánto de lo que hago hoy viene de ahí. pero cuando pienso en escuelita maker, cuando pienso en estar frente a 190 personas en un stream explicando cómo lanzar algo, cuando veo al grupo de whatsapp moviéndose solo con gente ayudándose entre sí, algo de esa imagen se siente familiar. el coach que no sabía que iba a ser coach. el grupo que no sabía que iba a conectar. las victorias chiquitas que nadie ve pero que cambian todo.

no estoy diciendo que soy gordon bombay. eso sería ridículo. pero sí creo que las historias que consumimos de niños nos programan más de lo que admitimos. nos meten ideas de lo que es posible, de lo que vale la pena, de cómo se supone que funciona el mundo. y aunque la fórmula del underdog sea predecible y simplista y fabricada para vender happy meals, también te deja algo. te deja la sensación de que ayudar a otros a ganar puede ser más satisfactorio que ganar tú mismo.
los domingos sigo poniendo esas películas. ya sé cómo terminan. pero cada vez que charlie conway anota ese penal, sigo sintiendo algo. y creo que eso dice más de mí de lo que me gustaría admitir.